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perdido





camino
me pienso con tu cara
con tus gestos
escucho mis palabras con tu voz
con tus pausas
con tus mismos ademanes insondables

salgo
abarrotado de vos
a buscarme

arte poética





el poeta
permeable al universo pero
solo
con su espíritu escribiente
dicta un prepoema
créanme
ese prepoema no es
nada
hasta el más necio de los necios
puede hacerlo trizas en el piso
sólo la mirada del lector
lo salva de la destrucción

..

esta mañana
no es nada
sin anoche

¿vivimos
para tener el recuerdo
de haber vivido?
¿vivimos
en la contemplación
del presente?

sólo se vive
con ojos de niño

esta mañana
invierno escondido entre las hojas
vuelo musical de pájaros
el sol parece una playa
y respiro un sueño de sal
con los oidos

esta mañana
no es nada
sin tu recuerdo

..
el silencio
mantra
las alas inmóviles

entre las cuentas de un rosario
un scat
hundir la cuchara
el primer contacto
con tu lengua

antes de la primera nota
te importa un carajo
que el mundo se caiga a pedazos

solo vos
y la hoja en blanco

ahí vienen
no hablés
ahí
los ojos cerrados en la ducha
ahora no hay mas remedio
ahí están las palabras
escribo tu nombre como una forma
de habitar en ese incesante trote
que se hace llamar tiempo

igual que las naves de mi memoria
en este hueco inventado de la noche
quiero hacer de tu rostro
un canto más océano que el recuerdo

me gustan los relojes
siempre y cuando marquen cualquier hora

me gustan los relojes atrasados
como la luna
buen día
soy el que ha habitado en tu postigo de invierno
más de medio almanaque
con sus días
con sus noches
y sus lúgubres soledades

te presento a mi sombra
ella visita tus ojos
que se acurrucan cuando los miro
ella me cuenta
en qué piensas de qué ríes
y cuán suave se derraman tus pétalos
cuando entregas los párpados al sueño

buenas tardes
soy el muchacho tímido que aguarda
traigo en mis manos el suicidio de mis versos
que sangra tu lluvia
mi lluvia
nuestra lluvia
la lluvia que a veces odio y que a veces
despierta cadenas olvidadas

buenas noches
ya me voy
ya es tarde para golpear la puerta
tal vez mi llave haya sido fabricada en un mundo
tan lejano al tuyo tal vez
tu cerradura haya sido fabricada en un mundo
tan distante al mío
pero yo siento que nuestro destino es fatalmente hermoso
es más íntimo que este puñado de lágrimas calcinadas
es más infinito que este silencio que nos separa
es más inmenso

poema último

(a Alejandra Pizarnik)

Cuando despegó sus inocentes ojos de las páginas tostadas, aún quedaron bailando en su cabeza, las últimas palabras del poema. Mirando al cielo, se sintió presente en esa rebelión de anaranjados sobre el implacable ejército purpúreo.
Varias veces parpadeó y rozó sus pies sobre la arena húmeda y sintió el aire castigando su ser. El horizonte se bifurcaba entre el miedo y el repudio. El primero era defendido por el destino inexplorado, por la ausencia de un barco con las luces encendidas; el abogado del segundo era la realidad.
Su ira y su delirio, sostenidos por el olor a sangre entremezclado con la arena. En un intento físico por desprenderse del brazo de hiedra, descubrió las estrellas, como lágrimas que en ella no condensaban los recuerdos, las miradas. Eran veinte. Veinte negras mañanas de sol, veinte días sin retorno.
Sintió los cuchillos punzándole el alma. Sintió las piedras en la garganta. A lo lejos una orilla, y ella en su refugio, en su máscara, de pies en la cornisa, en su última inocencia.
Entonces comprendió que no tenía sentido esperar que un ávido buitre devore de a poco sus vísceras, no tenía sentido esperar esa muerte caucásica, si el destino era inapelable, por qué no hacer más valioso el puñado de versos que apretaba en sus manos.
De un sorbo bebió lo poco que quedaba del crepúsculo. Desplegó sus alas y voló. Tal vez, más allá del horizonte, haya encontrado un pájaro enamorado que la haya guiado hacia su despertar.
Una luna de septiembre y su reflejo, fueron los únicos testigos de la huida.